FSC-CCOO Postal | 16 octubre 2026.

El “milagro Saura”, 1.000 días después (1ª parte)

  • Del desmantelamiento al ajuste financiero sin crecimiento (1ª parte)
  • Arreglar las cuentas no es arreglar la empresa menos empresa no es más correos

23/09/2026.
El "milagro Saura", 1.000 días después

El "milagro Saura", 1.000 días después

El pasado 3 de marzo, Correos anunció su vuelta a beneficios después de años de pérdidas —el último ejercicio positivo había sido en 2019, primer año de Serrano—. Para algunos, el dato fue la prueba del algodón del «milagro Saura»: la confirmación de que Saura había salvado Correos y una suerte de cheque en blanco para justificar todo lo que ha venido después, incluidas sus flagrantes desviaciones e incumplimientos de lo pactado. Además, elevaba a Saura a la categoría de gran gestor por comparación con Serrano, una operación de contraste que, convengamos, tampoco exigía demasiado.

Hoy se cumplen 1.000 días desde la llegada de Pedro Saura a la presidencia de Correos. Tiempo suficiente para superar agradecimientos, adhesiones interesadas y actos de fe, y para hacer balance de su gestión. Más aún cuando su presidencia entra en tiempo de descuento político, a apenas 6 o 10 meses del horizonte de las próximas elecciones generales. El tiempo de las promesas, en lo fundamental, está prácticamente agotado —salvo milagro, esta vez de los de verdad, o alguna súbita iluminación que, después de 1.000 días, llegue justo en tiempo de descuento—; empieza a pesar más el de responder por lo hecho.

Existe cierta tendencia a explicar la situación de Correos cargando toda la responsabilidad sobre Juan Manuel Serrano para, por contraste, engrandecer acríticamente a su sucesor. Serrano acaba convirtiéndose así en la mejor coartada de Saura: basta compararlo con su antecesor para que cualquier acción u omisión parezca un éxito. CCOO no necesita revisar sus críticas a la etapa anterior, pero tampoco acepta esa exculpatoria comparación. Porque, junto a la responsabilidad de Serrano, la responsabilidad política del Gobierno que lo nombró y lo mantuvo durante más de cinco años tampoco puede desaparecer del relato.

Durante esos cinco años CCOO —junto con UGT— advirtió reiteradamente del deterioro y exigió al Gobierno un cambio de rumbo, exigencia que este desoyó. Por eso, la llegada de Saura invita menos al agradecimiento por la aparición tardía de un salvador que a recordar una responsabilidad que debió ejercerse mucho antes: evitar que la avería alcanzara las dimensiones que finalmente alcanzó y que ahora, sin comerlo ni beberlo, está pagando la plantilla.

CCOO —también UGT— fue plenamente consciente de la gravedad de la situación que atravesaba Correos. Después de cinco años denunciando una deriva sin ser escuchados, cuando llegó el momento de evitar que la avería se convirtiera en irreversible, no nos pusimos de perfil. Arrimamos el hombro para construir una salida. De ahí nacieron dos acuerdos que no pretendían solo sanear las cuentas, sino recuperar, transformar y reposicionar la empresa, garantizando una transición laboral justa para su plantilla.

El primero, el Acuerdo Estratégico de 22 de julio de 2024, comprometió financiación adecuada del SPU y los SIEG, continuidad de Correos como operador hasta 2030 y un Plan Estratégico basado en la paquetería y la diversificación. El segundo, el Acuerdo de 31 de diciembre de 2024, estableció las contrapartidas laborales: empleo y rejuvenecimiento, reducción de temporalidad y parcialidad, 35 horas y nueva organización del trabajo, carrera profesional y formación, incentivos y nuevo Convenio Colectivo.

El equilibrio de los acuerdos de 2024 era claro: esfuerzo público, empresarial y de la plantilla a cambio de recuperación, crecimiento y contrapartidas laborales. Y parte del camino, por qué no reconocerlo, se ha recorrido: Correos dispone hoy de mayor financiación del SPU (250 M€), SIEG (150 M€), Contrato-Programa —que nadie conoce— y es operador designado para el SPU hasta 2030. CCOO contribuyó activamente a conseguir esos avances, también trabajando para sumar al respaldo político y parlamentario a fuerzas ajenas a la componente ideológica del Gobierno, como PP y Coalición Canaria.

Mil días después las cuentas se han reequilibrado y Correos vuelve a beneficios (14,4 M€). Eso es innegable. Pero el supuesto «milagro Saura» exige responder a una primera pregunta: cómo se ha logrado. Y, cuando se abre el capó y se mira dentro, esto tiene menos de milagro. Primero, y sobre todo, por la extraordinaria inyección pública. En 2025, Correos contabilizó 390,4 M€ por SPU y SIEG, frente a 200,6 M€ en 2024: casi 190 M€ más. Ahí se incluyen 109 M€ de liquidación de ejercicios anteriores del SPU y 55,9 M€ por los nuevos SIEG. A ello se suman los 200 M€ aportados por SEPI como socio —que no computan como beneficio, aunque refuerzan mucho el balance— y, ¡OH, SORPRESA!, OTROS 11,5 M€ procedentes de la reversión de una parte de la cuantía provisionada en 2024 para el supuesto Plan de Salidas (Prejubilaciones). A todo ello se añade una estrategia basada en subir los precios de los envíos mientras se renuncia a ganar volumen y cuota de mercado y a reforzar la red.

Y junto a la inyección pública, un ajuste severo de costes y estructura sin precedentes, una auténtica reconversión de «guante blanco»: 3.295 empleos menos en 2025 (5.373 desde 2024, con el ahorro correspondiente de nóminas); 39,4 M€ menos de gasto de personal ajustado; y 17,2 M€ de resultado por venta de inmuebles (como en los mejores tiempos de Serrano).

Nada de esto resta valor al equilibrio de cuentas conseguido. Pero sí obliga a ponerlo en su sitio, sin exaltaciones. Detrás de los números verdes hay un extraordinario esfuerzo financiero del Estado (el agujero provocado y consentido lo exigía), un «salvaje» ajuste de empleo y costes, ingresos no recurrentes —como los 200 M€ de SEPI o los 109 M€ de liquidaciones de ejercicios anteriores— y una plantilla que ha soportado buena parte del esfuerzo y a la que se le ha engañado en los Acuerdos. Esa es la otra cara del «milagro Saura». Porque sanear las cuentas nunca fue el objetivo final de los acuerdos de 2024. Era la condición para recuperar Correos y volver a crecer en paquetería y diversificación, recuperar capacidad productiva y cumplir las contrapartidas laborales. El saneamiento era el punto de partida, no la estación de llegada en la que parece haberse instalado Saura.

La pregunta ahora es QUÉ CORREOS SE DIBUJA detrás de este ajuste financiero: por qué baja la paquetería mientras el mercado crece con fuerza, dónde está la diversificación comprometida, qué está pasando con el «bluf» de AXA, qué hay de la Entidad de Dinero Electrónico (EDE), qué parte del reequilibrio de cuentas proviene realmente de mejora productiva y de negocio, qué hay de los compromisos laborales adquiridos y, sobre todo, si estamos saneando Correos para volver a hacerlo crecer o haciendo rentable una empresa cada vez más pequeña, empujada por un equipo directivo de marcado perfil económico-financiero que parece haber convertido el ajuste financiero en un objetivo en sí mismo.

(continuará: 2.ª parte)